La
complejidad de la vida, un capricho, que tuvo las condiciones adecuadas.
By:
Nick Lane
“Bajo
la intensa mirada del telescopio espacial Kepler, van apareciendo ante nosotros
más y más planetas similares al nuestro. Todavía no hemos encontrado uno
exactamente igual que la Tierra, pero son tantos los descubiertos que parece
que la galaxia debe estar llena de planetas habitables. Si la vida surge allí
donde las condiciones son las correctas, ¿por qué aún no tenemos noticias de
extraterrestres?”
Es
una pregunta de verdad sorprendente, pues han sido años los que se han
invertido en la búsqueda de vida fuera de la tierra, y cual es el factor
decisivo para que la vida surja, si ya están todos los ingredientes que le
faltó a la mezcla para que
surgieran las distintas formas de vida; ¿Será la energía acaso?
Los seres
vivos consumen una cantidad extraordinaria de energía, sólo para seguir
viviendo. Los alimentos que comemos los convertimos en combustible que alimenta
a todas las células vivas, si eso que se conoce como Adenosin trifosfato (ATP). Este combustible se recicla continuamente: a lo largo de un día, los
humanos por ejemplo, cada uno
reciclamos unos 70 a 100 kg. de materia. Esta enorme cantidad de combustible se
realiza mediante enzimas, unos catalizadores biológicos bien ajustados durante
engranes capaces de extraer hasta el último joule de energía utilizable a
partir de las reacciones.
Este
requisito tan fenomenal de energía a menudo se deja fuera de las
consideraciones sobre el origen de la vida. ¿Cuál podría ser la fuente de
energía primordial aquí en la Tierra? Las viejas ideas de rayos o de radiación
ultravioleta, simplemente no pasan el examen. Aparte del hecho de que no hay
células vivas obtengan su energía de esta manera, no hay nada para ubicar esa
energía. Las primeras formas de vida no tendrían porque ir en busca de energía,
por lo que debe haber surgido donde la energía era abundante.
Las
primeras células parecen haber adquirido su energía y el carbono de los gases
hidrógeno y dióxido de carbono. La reacción de H2 con CO2 produce directamente
moléculas orgánicas y libera energía. Esto es importante, porque no es lo
bastante para formar moléculas simples: se necesita cubos de energía para unir
las largas cadenas que conforman los componentes básicos de la vida.
Una
segunda pista de cómo conseguía la primera vida su energía, proviene de los
mecanismos de recolección de energía descubiertas en todas las demás formas de
vida conocidas.
La enzima
que produce el ATP es un motor rotativo
accionado por el flujo de protones hacia el interior. Otra proteína que ayuda a generar el potencial de la membrana, la NADH deshidrogenasa, es como una máquina de vapor, con un pistón en movimiento bombeando
protones. Estas increíbles máquinas nanoscópicas deben ser el producto de una
selección natural prolongada.
He de
reconocer que aún hay muchas lagunas que rellenar, muchos pasos entre un
reactor electroquímico que produce moléculas orgánicas y una célula vital que
respira. Pero si consideramos por un momento la escena de un modo más amplio,
el origen de la vida necesita una lista de compras muy corta: roca, agua y CO2.
Entonces, ¿qué sucede? En general, se supone que la vida simple
poco a poco se convierte en formas más complejas, dadas unas condiciones
adecuadas. Pero eso no es lo que sucedió en la Tierra. Después de que las
células simples aparecieran por primera vez, hubo un retraso
extraordinariamente largo, casi la mitad del tiempo de vida del planeta, antes
de los complejos evolucionaran. Es más, las células simples dieron lugar a la
vida compleja sólo una vez en cuatro mil millones de años de evolución: una
extraña anomalía que sorprende, y deja sugerir un caprichoso accidente.
Gracias a ese caprichoso accidente, hoy sabemos que toda la vida
compleja sobre la Tierra, animales, plantas, hongos y otros, son eucariotas, y
todos ellos evolucionaron de un mismo ancestro. Así que sin ese evento singular
que produjo el ancestro de las células eucariotas, no habría plantas ni peces,
ni dinosaurios ni simios. Las células simples por sí solas no tienen la
arquitectura adecuada celular para evolucionar hacia formas más complejas. No,
células, simples, sencillamente, son no pueden.
Así que el problema al que se enfrentan las células de simple es
este: para crecer más grandes y complejas, tienen que generar más energía. La
única manera de hacer esto es ampliar el área que utilizan de la membrana para
obtener energía.
Dicho de otro modo, las células simples adquieren genes los
menos posibles. Y un genoma completo de genes que no se puede utilizar no es
ninguna ventaja. Esta es una traba tremenda hacia la complejidad, porque hacer
un pez o un árbol, requiere de miles de genes que poseen las bacterias.
A través de caprichos, de la naturaleza, o lo que podríamos decir que son,
acontecimiento fortuitos son los que han dado lugar a las distintas formas de
vida, al parecer lo complejo surgió por pura suerte, pero era necesario que las
condiciones fueran las aptas para que ese acontecimiento que cambiaría el
camino del planeta se diera.
Todo esto
viene a explicar por qué nunca hemos encontrado ninguna señal de alienígenas.
Claro esta que, algunas de las otras explicaciones que se han propuesto, como
la vida en otros planetas pueda ser destruida por acontecimientos
catastróficos, como explosiones de rayos gamma, mucho antes de que esa vida
inteligente tenga la oportunidad de evolucionar, bien podría ser cierta. Si es
así, puede haber muy pocos aliens inteligentes en la galaxia.
Así pues, tal vez seamos la única ocurrencia de vida en nuestro
vecindario galáctico. Pero si nos la encontramos, apostaría por una cosa:
también tendrán mitocondrias.
La esperanza muere al último.
Angelica Hurtado García /Biología de Procariontes/
Grupo: 5013
bravo!!!
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