martes, 10 de septiembre de 2013


Reinhard E. Matadamas Bárcena

La vida, un suceso afortunado


Definir ¿qué es vida?, es uno de los grandes cuestionamientos que los científicos se han hecho, dar una respuesta aceptable les tomó varias décadas e inclusive todavía existen debates. En el intento de dar una definición como respuesta a esta pregunta es complicada puesto que puede ser una muy amplia o una demasiado estrecha.
Si es difícil dar con esa respuesta, los científicos han puesto aún mayor empeño en descubrir como sucedió el origen de la vida; la respuesta es comparable con la ciencia ficción, se ha tenido que recurrir a la imaginación para tener una mejor idea; muchas ideas han surgido, la teoría de la panspermia, la autogénesis, hasta el creacionismo tuvo un papel importante. Sin embargo la teoría más aceptada en la actualidad es la teoría de la evolución química, propuesta por Alexander Oparin.
Sin embargo a cada respuesta surgen cada vez más interrogantes. Suponiendo que la teoría de Oparin sea correcta y la vida tenga sus primeros inicios de forma primitiva, ¿de dónde obtuvo tanta energía para llevar a cabo su metabolismo? Sabemos que las células eucariotas actuales, para llevar a cabo procesos metabólicos, requieren de muchísima energía, a pesar que los procesos han sido perfeccionados, a través de la evolución, para utilizar la menor cantidad de energía necesaria. De forma similar ocurre en los procariontes; entonces la pregunta surge al pensar que las bacterias primitivas no tenían procesos tan complejos y gastaban aún más energía.
Se entiende que tenían un metabolismo principalmente metanógeno y anaerobio, puesto que así eran las condiciones generales del planeta (anóxico), los océanos eran ácidos (habían principalmente protones H+) y eran pobres en aniones (iones con carga negativa). Nuestro mundo era muy distinto de como lo conocemos ahora.
Una teoría que trató de responder a estas preguntas fue la propuesta por Michael Russell. A grandes rasgos, él propuso que la energía necesaria para estos procesos se obtuvo de las ventilas hidrotermales en el fondo de los océanos. El proceso que en estos lugares tuvo lugar es muy interesante; estas ventilas que eran ricas en minerales (Fe, Ni, Mo), necesarios para llevar a cabo la descomposición del CO2., entraban en contacto con el agua (rica en protones), por varios microporos ubicados en su superficie, dejando libres los minerales. Estos minerales libres eran atrapados por los organismos primitivos y reaccionaban con el  CO2 disperso en el océano. En estos lugares el gradiente de concentración estaba en pro de la reacción de descomposición del CO2, por lo tanto la célula no gastaba energía, sino por el contrario, esta reacción la liberaba.
Esta teoría intenta dar una explicación en cuanto a la obtención de energía, sin embargo aún tiene muchas interrogantes que se están tratando de descubrir pero esta tarea es enorme porque no existe la suficiente evidencia del érase una vez.

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